"¿Cuánto sale?" es la primera pregunta de cualquier intendencia que evalúa un asistente virtual — y una de las más difíciles de responder con datos, porque casi ningún precio se publica. Casi. Hay licitaciones públicas, informes de auditoría y tarifas oficiales que permiten armar el número. Acá va lo que se sabe, con cada fuente citada.
Los precios que sí son públicos
El mejor dato del país es la licitación pública de Rosario para su MuniBot: la ganó la empresa Capecom por USD 120.322,40, compitiendo contra Telecom Argentina y Botmaker. El alcance: la plataforma conversacional como servicio más la administración de la cuenta oficial de WhatsApp Business. La Capital cubrió el lanzamiento del servicio contratado, con una cifra del orden de los AR$24,6 millones.
Segundo dato: en mayo de 2025, la Administración Tributaria de Mendoza salió a licitar un sistema de atención por bot con IA — AR$20,1 millones por 10.000 conversaciones y 10 puestos de operador, sobre tecnología "Dialogflow, OpenAI o similar", para WhatsApp y Messenger.
Con esos dos puntos y el patrón de pliegos similares, la banda de mercado para un chatbot municipal contratado por licitación ronda hoy los AR$20–25 millones por año (unos USD 15.000–25.000 al cambio de 2025-2026).
A dónde va la plata
Lo interesante es descomponer ese número. Desde julio de 2025, Meta cobra WhatsApp Business por mensaje de plantilla entregado: las conversaciones de servicio que inicia el usuario son gratuitas, y en la Argentina las plantillas rondan los US$0,0072 (utilidad) y US$0,0265 (marketing) por mensaje. Traducido: para un bot reactivo — el vecino pregunta, el bot responde — el costo de Meta es prácticamente cero.
Las plataformas tampoco explican el grueso del número por sí solas: Botmaker, la plataforma conversacional más grande de la región, publica planes desde unos US$149 mensuales, con un cargo único de US$99 por la configuración de WhatsApp. Entre esa tarifa de lista y los AR$20–25 millones de una licitación está todo lo demás: implementación, integración con los sistemas del municipio, carga y mantenimiento de contenido, operadores, soporte. Es un costo real y legítimo — pero conviene saber que la torta se reparte así cuando se compara una propuesta.
Lo que observó la auditoría porteña
El costo no fue lo único que quedó bajo la lupa. La Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires auditó el contrato de Boti (informe aprobado en marzo de 2023) y sus observaciones son lectura obligada para cualquier municipio que esté por firmar: contratación directa por "exclusividad" sin licitación pública (AR$47,8 millones por 12 meses desde octubre de 2021), la propiedad intelectual de la plataforma en manos del proveedor, y los datos personales de más de 76 millones de consultas bajo el control efectivo de una empresa privada, con acuerdos de confidencialidad faltantes. El informe recomendó, entre otras cosas, garantizar la portabilidad. En la misma línea, un estudio de Derechos Digitales de 2024 señaló políticas de privacidad vagas y una arquitectura difícil de escrutar desde afuera. Son observaciones sobre el modelo de contratación y de gobernanza de los datos — no sobre la utilidad de la herramienta, que nadie discute.
La conclusión práctica: cuando un municipio compra un chatbot, no está comprando solo software. Está decidiendo de quién son los datos, de quién es el contenido y quién sabe cuánto cuesta cada respuesta.
El enfoque de MuniVoz: el medidor a la vista
MuniVoz está construido sobre la respuesta opuesta a esas tres preguntas:
- Medidor de gasto por API, en tiempo real. El portal de administración muestra cuánto consumió el servicio — modelo de lenguaje, reconocimiento y síntesis de voz — día por día, unidad por unidad. Nada de facturas opacas a fin de año.
- Límite diario que fija el municipio. El servicio respeta un tope de gasto por día; si se alcanza, lo dice — el presupuesto no se entera por sorpresa.
- El contenido y los datos son del municipio. La base de conocimiento, los menús y las conversaciones pertenecen al municipio y son exportables siempre. Irse tiene que ser posible; esa es la única garantía real contra quedar cautivo.
Un chatbot municipal se paga con plata pública. Que se sepa a dónde va cada peso no debería ser un diferencial — pero hoy, en este mercado, lo es.